Google+

Suficiencia de las Escrituras


Creo que un tema apropiado para comenzar es la suficiencia de las Escrituras. Esto porque la Biblia ha sufrido un ataque descarnado desde hace algunos siglos Consiste en la negación de la suficiencia de la Escritura, en otras palabras, se considera que la Biblia contiene verdad, pero no toda la verdad. Nos es útil, pero necesitamos también otras cosas. Es decir, se trata de algo incompleto.
Teniendo en cuenta lo anterior, es sorprendente la facilidad con que el hombre incurre en este tipo de ataque a las Sagradas Escrituras. Ya en los tiempos del Antiguo Testamento, teniendo la ley y la mayoría de los profetas, se comenzó a forjar "la tradición de los ancianos", que se consagró en el Talmud. Así, Jesús recibió la siguiente reprensión por parte de los fariseos: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan" (Mt. 15:2 RVR). Esto demuestra que dicha tradición había alcanzado el nivel de canónica para los judíos, y se equiparaba a la revelación misma de Dios. La respuesta de Cristo a esta lamentable situación fue categórica: "¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?". Es decir, Jesucristo sitúa a la tradición humana en un nivel inferior a la Palabra de Dios: no es la Palabra la que debe someterse a la tradición, sino todo lo contrario. Es notable el hecho de que Jesús nunca se validó en la tradición humana, sino que siempre se legitimó en las Escrituras (Lc. 24:44; Jn. 5: 46). Este es un hecho que debemos tener en cuenta .
No podemos olvidar dentro del cristianismo cultural el énfasis en ganar al mundo a través de parecerse a él. La Biblia nunca pide que nos parezcamos al mundo para ganar al mundo, eso es por completo ridículo. De hecho, se nos ordena NO amar al mundo:
"No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (I Jn. 2:15)
"!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Stg. 4:4).
Esta desviación lleva a las congregaciones a hacer todo lo posible porque el incrédulo "se sienta cómodo", ojalá ni siquiera note que está en una iglesia. Para esto se realizan obras de teatro, café concert, olimpiadas y un sin número de eventos estilo mundano para "atraer" más personas, dejando de lado el único método establecido en la Biblia para expandir el evangelio: la predicación de la Palabra ("Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" Ro. 10:17). De esta forma, la industria del entretenimiento es acogida íntegramente por las congregaciones, que por consiguiente diluyen la doctrina bíblica, más si se trata de hablar de pecado, juicio divino o santidad. Esto olvida fundamentalmente que la salvación es una obra de Dios, no del hombre, por tanto NO ES POR NUESTROS MÉTODOS, SINO POR SU ESPÍRITU.
Otra aberración que arrasa en congregaciones actuales es el psicologismo. Consiste en mezclar la Biblia con la psicología. A tal punto llega la deformación que se entiende la Biblia a través de la psicología. Así, por primera vez en la historia de la Iglesia se habla de que el problema del hombre es la depresión, cuando en realidad es el pecado; las prédicas se enfocan en subir el autoestima del oyente, cuando en realidad deben enfatizar en su santidad y su salvación, que curiosamente es todo lo contrario de la autoestima: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mr. 8:34). De esta forma, las iglesias producen creyentes con autoestimas firmes y preparados contra la depresión, pero ignorantes de la Biblia, sin testimonio de santidad en sus vidas e igual de perdidos que cuando no iban a la iglesia.
La verdad no está en sabiduría ni métodos humanos, sino en la revelación divina presente en las Escrituras.