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¿ A que se referia el Apostol Pablo al usar la palabra"predestinado" en romanos 9 '


Debemos estar conscientes de que una cosa es  predestinar las circunstancias en que un conglomerado o una persona va a vivir, y otra muy diferente es predestinarla a ser salva o perdida. La  primera es la predestinación circunstancial, la segunda es la predestinación absoluta.
Un buen ejemplo de que Dios predestina a un conglomerado o nación para hacer ciertas funciones  que convienen a sus divinos planes, es la elección  de Israel para mantener las Escrituras y para traer al  Mesías. No quiere eso decir que Dios predestinó a  los judíos a ser salvos primero, y los predestinó después a ser perdidos. Un buen caso se presenta en  la epístola de San Pablo a los Romanos.
Para entender el pasaje que 851 más adelante presento,debe uno tener en cuenta, que se está hablando del  caso de Israel como grupo étnico por un lado, y  los gentiles, también como grupo étnico, por el  otro. No se está tratando de la elección personal de cada ser humano para ser salvo o perdido, sino de la elección de los descendientes de Jacob, para ser el pueblo que trajera al Mesías, en vez de la  elección de los descendientes de Esaú, o la elección de los gentiles para traer al Mesías.
Al leer el pasaje en cuestión debe hacerse saltando el versículo 11 la primera vez, porque es un  paréntesis, y volverlo a leer una segunda vez sin  saltarlo. Una vez hecho esto veremos que lo que  Pablo dice es que la elección de Jacob para seguir la  línea de los prometidos a Abraham, se hizo antes del nacimiento, lo cual era demostración de que no  se hacía basado en sus obras, sino en la voluntad de  Dios que deseaba hacerlo así. No está diciendo Pablo que la salvación del ser humano sea una  cosa predestinada, sino que Dios decidió “fabricar” al pueblo que iba a mantener la  Escritura e iba a traer al Mesías, por medio del conglomerado étnico que iba a nacer de Jacob, y  no por medio del que iba a nacer de Esaú.
 10 Y no sólo esto; mas también Rebeca  concibiendo de uno, de Isaac nuestro  padre,........12 le fue dicho que el mayor  serviría al menor.”
 (Ro 9:10-12 saltando el once)
10 Y no sólo esto; mas también Rebeca  concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre, 11 porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios 887 conforme a la elección, no  por las obras, sino por el que llama, permaneciese; 12 le fue dicho que el mayor  serviría al menor.”
 (Ro 9:10-12 sin saltar el once)
 Desde el inicio del capítulo hasta aquí, no hay nada que nos haga pensar que Pablo está  hablando de la salvación de cada ser humano en particular, sino de la elección de Israel como  pueblo escogido para traer al Mesías. Tampoco hay nada que nos haga juzgar, basados en el concepto de justicia y equidad que Dios nos ha  enseñado en Su Palabra, que Dios haya cometido  una injusticia con Esaú.
 Dios, que conocía a las dos almas que Él iba a  enviar a esos niños una vez nacidos, o que conocía  las almas que ya había enviado a los fetos que había en el vientre de Rebeca, podía, en el primer caso, enviar el alma de Jacob al cuerpo del niño que había  nacido después, o en el segundo caso, hacer que  naciese primero el cuerpecito al que había enviado  el alma de Esaú; las cuales ambas Él conocía cómo eran.
 Eso no implica ningún favoritismo o injusticia por  parte de Dios, porque no los está condenando ni  salvando, sino dándoles una función que llevar a cabo, y eso Dios se lo da a quien quiere. Por lo  tanto, sin condenar a uno a su pesar ni salvar al otro  a la fuerza, sino respetando el libre albedrío de  ambos, (sólo que conociéndolos de antemano) podía
 Dios decir que el mayor serviría al menor.
 Esto, aparte de que el hecho de que Dios nos  ponga a servir a otro, no es un signo de perdición;  ni el ser el amo es signo de salvación. Muchos cristianos fueron esclavos  y muchos perdidos fueron  amos.
 En el versículo 13 Pablo cita un pasaje de  Malaquías en el que Dios, refiriéndose, no a la
salvación de cada persona en particular, sino a la elección del pueblo de Israel como grupo étnico  escogido para traer al Mesías, les echa en cara a los  israelitas que aquella elección, ellos, como pueblo,  no la merecían y que había sido arbitraria (Mlq 1: 1-3).
 Como está escrito: A Jacob amé, mas a  Esaú aborrecí.” (Ro 9:13)
 Carga de la palabra de Jehová contra  Israel, por mano de Malaquías. Yo os he
 amado, dice Jehová, y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob,
 dice Jehová, y amé a Jacob, y a Esaú  aborrecí, y torné sus montes en asolamiento, y su posesión para los chacales del desierto?”(Mlq 1:1-3)
 Es decir que no está Pablo diciendo que esa  arbitrariedad, ese favoritismo, se comete con  cada una de las personas del mundo respecto a  su salvación, sino que la había cometido con el  grupo étnico Israelrespecto a ser el pueblo con  que Dios oficialmentetratara, para traer al Mesías  y conservar las Escrituras, porque a Él le había dado  la gana de hacerlo así.
 Luego levantó a Babilonia, no como pueblo escogido, sino como nación dominante; y ni en el  caso de los judíos la elección se hizo por las obras de ellos ni en el caso de los babilonios, persas  griegos o romanos, etc., tampoco. Isa 44:1-4
muestra que Dios 958 elegía a Ciro sin que éste lo conociera.
 Dios elige a esos conglomerados étnicos o  naciones, para realizar los planes que Él estima  convenientes, sin por ello violentar el libre  albedrío de sus componentes. Es más, como  grupo, un pueblo puede ser el elegido de Dios a  pesar de que sus componentes pueden ser ateos.
Por otro lado un grupo o pueblo no elegido, puede tener una abrumadora proporción de convertidos a  Dios.
 En el libro de Daniel vemos que Nabucodonosor se llegó a convertir a Dios, mientras que muchos de los judíos permanecían idólatras.
 Si nos fijamos, desde el mismo inicio del capítulo  9 de Romanos, veremos que Pablo se refiere a Israel como nación y a los gentiles como grupo étnico, no a cada ser humano. Él no está  explicando la dinámica que rige la salvación del  alma de cada ser humano, sino la dinámica que  rigió la elección del “conglomerado Israel”. Está defendiendo la justicia de la elección del conglomerado étnico Israel, frente a la no-elección del conglomerado gentiles”. Este tema no lo abandona en todo el capítulo.
 Si con Egipto quiso hacer un vaso para deshonra y  con Israel uno para honra, ¿qué queja tiene alguien?  Él pudo hacer que al cuerpo del niño nacido de la  esposa del faraón anterior, viniera un alma que Él supiera que era soberbia y perversa. O pudo haber  hecho que un hombre soberbio y perverso diera un  golpe de estado y se hiciera faraón. Esa es la idea
 que se percibe cuando uno lee tanto el versículo 17 de este capítulo de Romanos, como la Escritura  original a la que se refiere, que es Ex 9:16.

Porque la Escritura 994 dice de Faraón: Que5 para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la Tierra.”  (Ro 9:17)
 Y a la verdad yo te he puesto para declarar  en ti mi potencia, y que mi Nombre sea
 contado en toda la tierra.” (Ex 9:16)
 Hay quienes juzgan, de lo dicho por Pablo en Ro  9: 15-16, que Dios, caprichosamente, condena a  unos y salva a otros. Primero que todo, allí no dice que condene a alguien, sino que tiene misericordia  y se compadece de los que desea. Pero esto que  dice se sigue refiriendo a la elección de Jacob y 1 Esaú para hacer una función, no a la salvación
de unos humanos y la condena de otros. Para  darnos cuenta de que este es el asunto tratado, no hay más que leer el capítulo desde el principio hasta  llegar a estos dos versículos.

 Mas a Moisés dice: Tendré misericordia del  que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no es del  que quiere, ni del que corre, sino de Dios que  tiene misericordia.” (Ro 9:15-16)
 Sacado de contexto este versículo de Ex 33:19 que aquí cita el apóstol, puede aparentar que  significa una cosa diferente, a si se lee el pasaje  original completo, (Ex 32:1 a 33:23), donde se ve que se está hablando de Israel como grupo, no de la salvación de cada ser humano en particular. Son  especialmente significativos los pasajes Ex 32:9-14; 31-35; 33:12-19. Mencionado 1030 como lo menciona  Ro 9:15-16, da la sensación de que dice que Dios tiene misericordia de quien quiere y deja perdido al  que se le antoja; pero no es así. Leamos el capítulo  nueve de Romanos. Observemos que desde que se inicia el capítulo, el tema de Pablo es la elección o no de Israel y los  gentiles, tomados como grupo, para realizar los  planes divinos de traer al Mesías, no la salvación de  los individuos en particular.
 1 Verdad digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el  Espíritu Santo, 2 que tengo gran tristeza y  continuo dolor en mi corazón. 3 Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; 4 que son israelitas, de los  cuales es la adopción, y la gloria, y el pacto,  y la data de la ley, y el culto, y las promesas;  5 cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre  todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.(Ro 9:1-5)
 Como ustedes pueden ver, hasta aquí (versículo 5)  no se habla de la salvación de cada persona, sino de  la elección del conglomerado judío para traer al  Mesías según la carne y para confiarle las  Escrituras, las promesas, el pacto, los mandamientos, etc.. Es decir, la elección de un  conglomerado para una tarea específica, no la  elección de un conglomerado para salvarlo.
 El versículo 6 de este capítulo de Romanos es una  defensa de Pablo contra los que puedan creer que Dios no cumplió Su palabra, puesto que habiendo prometido que Israel sería  el elegido, luego se ve  que muchos de sus componentes (judíos) son  incrédulos. Para defenderlo dice que no todos los de  Israel son israelitas, y pasa a demostrarlo arguyendo lo dicho en los versículo 7-13. Veamos. 6 No empero que la palabra de Dios haya  faltado, porque no todos los que son de Israel  son israelitas; 7 ni por ser simiente de  Abraham, son todos hijos; mas: En Isaac te  será llamada simiente. 8 Quiere decir, no los  que son hijos de la carne, éstos son los hijos  de Dios; mas los que son hijos de la  promesa, son contados en la generación. 9  Porque la palabra de la promesa es esta:  Como en este tiempo vendré, y tendrá Sara un  hijo. 10 Y no sólo esto, mas también Rebeca  concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre,  11 (porque no siendo aún nacidos, ni habiendo  hecho aún ni bien ni mal, para que el  propósito de Dios conforme a la elección, no  por las obras, sino por el que llama,  permaneciese), 12 le fue dicho que el mayor  serviría al menor. 13 Como está escrito: A  Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Ro 9:6-13)
 Hasta este versículo 13 no se ha hablado aún de  la salvación personal de nadie, sino de la elección  de un pueblo en preferencia a otro, para realizar  cierto plan. Una vez dicho lo comprendido en los  versículos 6 al 13, Pablo se enfrasca en un nuevo  paréntesis que abarca los versículos 14 al 18, cosa  muy típica de Pablo. Este nuevo paréntesis lo abre para explicar una duda que sobre la justicia de Dios,  parece que él estimaba que podía levantarse en la mente del lector, motivada  por la anterior explicación, la de los versículos 7 al 13. Esta justificación  que Pablo hace del comportamiento de Dios al  escoger a Israel y no a los gentiles, llega hasta el  versículo 18 sin que haya cambiado el tema de la  predestinación de los conglomerados humanos y las  naciones, en cuanto a servir para los planes de Dios.

 En ningún momento se habla de predestinación  de la salvación del ser humano en particular.
14 ¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia  en Dios? En ninguna manera. 15 Mas a Moisés dice: Tendré misericordia del que  tendré misericordia, y me compadeceré del  que me compadeceré. 16 Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice  de Faraón: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la  Tierra. 18 De manera que del que quiere tiene  misericordia; y al que quiere, endurece.” (Ro 9:14-18)
 Hasta aquí (versículo 18) Pablo no ha  cambiado el tema, sigue refiriéndose a la predestinación de los conglomerados, en cuanto  a ejecutar los planes divinos, no en cuanto a la salvación de sus miembros.
 Después, en el versículo 19, inicia una de esas  explicaciones que él intercala en medio de otra explicación anterior. En ella le dice al lector (19-24)que aún en el caso de que Dios hubiera querido  hacer las cosas arbitrariamente como un alfarero, ¿quiénes somos nosotros, seres sin sabiduría, para meternos a juzgarle?
No dice él que esto fue lo que Dios hizo con Israel y los 1138 gentiles, sino que si lo  hubiera hecho ¿qué? Luego dice que Dios soportó  con mansedumbre la rebelión de Israel, como vaso de ira, mientras que escogió de los gentiles y de los  judíos, vasos de misericordia, etc..
 19Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja?, porque ¿quién resistirá a su voluntad? 20Mas  antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al  que le labró: ¿Por qué me has hecho tal?  ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer  de la misma masa un vaso para honra, y otro  para vergüenza? 22 ¿Y qué, si Dios, queriendo  mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos  de ira preparados para muerte, 23 y para  hacer notorias las riquezas de su gloria, las  mostró para con los vasos de misericordia  que él ha preparado para gloria; 24 los cuales  también ha llamado, es a saber, a nosotros, no sólo de los judíos, mas también de los  gentiles?” (Ro 9:19-24)
Al llegar al versículo 24, vemos que el tema  sigue refiriéndose a judíos y gentiles, como  grupos étnicos para realizar los planes que a Dios  les parezcan bien; lo cual continúa en los versículos  subsiguientes hasta el final del capítulo en el  versículo 33. Aún al comenzar el próximo capítulo, vemos que sigue el mismo tema: hablar de Israel como conglomerado.
Por lo tanto, en ningún  pasaje de este capítulo se ve que ese lenguaje de  sabor predestinacionista se refiera a las almas de  los seres humanos considerados personalmente,  sino a los conglomerados o naciones a las cuales Dios predestina a ejecutar Sus divinos planes. Si  terminamos de leer el resto del capítulo, veremos  que desde el versículo 25 en adelante, hasta el versículo final, el 33, se habla de los conglomerados, no de las personas.
 25 Como también en Oseas dice: Llamaré al  que no era mi pueblo, pueblo mío; y a la no amada, amada. 26 Y será, que en el lugar  donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo  mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente. 27 También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de  Israel como la arena de la mar, las reliquias serán salvas. 28 Porque palabra consumadora y abreviadora en justicia, porque  palabra abreviada, hará el Señor sobre la  Tierra. 29 Y como antes dijo Isaías: Si el  Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado  simiente, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra fuéramos semejantes. 30 ¿Pues qué diremos? Que los gentiles que  no seguían justicia, han alcanzado la justicia, es a saber, la justicia que es por la fe; 31 mas Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado a la ley de justicia. 32 ¿Por qué? Porque la seguían no por fe, mas como por las obras de la ley; por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo; 33 como está escrito: He  aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y  piedra de caída; y aquel que creyere en ella,  no será avergonzado.” (Ro 9 25-33)
Al llegar al final de este capítulo vemos que  todavía se sigue hablando del mismo tema, la  elección de un pueblo u otro para llevar a cabo los planes de Dios; no 1210 la predestinación de unos humanos para ser salvos y otros para ser perdidos.
Al analizar este capítulo vemos que uno de los problemas que tienen los lectores de Pablo, es  que pierden el hilo de los paréntesis y de las explicaciones. De esta manera, cuando vienen a ver, se encuentran atribuyendo a una cosa (en este  caso al humano en particular y singular), lo que  Pablo está diciendo para otra cosa (en este caso  Israel como nación escogida en relación con los  gentiles, que no fueron escogidos), creándose así no  poca confusión en sus mentes, como ya vimos que  advertía Pedro.
 Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de  entender, las cuales los indoctos e  inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos.” (II P 3:15-16).
 Pablo hablaba y escribía en forma profunda y  filosófica, debido a su sabiduría. Esta tendencia de  Pablo a intercalar largos paréntesis en una exposición, luego complicar la cosa añadiendo una  explicación, (larga también), a algo de lo que dijo  en el paréntesis, y enredar la pita más aún,  explicando o justificando algo de lo dicho en la  explicación, es lo que confunde a mucha gente, que  pierde el hilo de la conversación y se quedan con el  ojo izquierdo mirando hacia arriba a la izquierda, y  el derecho hacia abajo a la derecha.
En esa situación, la primera idea que les viene  a la cabeza creen que es una revelación que Dios  les dio sobre ese pasaje y, sin desear molestarse en  buscar la verdad, toman esa idea que les vino a la  cabeza como dogma. De ahí en lo adelante, temerosos de analizarla, rechazan toda conversación  sobre el tema. Temen discutir el tema, porque  buscar la verdad les da trabajo. Además, si alguien  les demostrara que están errados, su hinchado ego  se sentiría humillado, al constatar que no habían  recibido una revelación, como ellos creían. Por eso  prefieren aferrarse dogmáticamente a lo que ellos  creen que fue una revelación o efluvio divino que  les proporcionaron.
 Además, por qué no decirlo, creer dogmáticamente lo que ellos creen ser una revelación divina  es mucho más halagüeño para el ego, y les dispensa  del penoso trabajo de razonar o discutir con sus  hermanos. Por eso le dicen a uno: “Yo oré antes de leer este pasaje, y esto fue lo que entendí; por lo tanto, no lo cambio”. Es como para preguntarle al  dogmático amigo; ¿todo lo que usted ha pedido en oración previamente, lo ha recibido? Y si antes le  fallaron algunas peticiones ¿por qué no pensar que  tal vez le falló también esta, y que debe ser más cauto en abrazar conclusiones dogmáticamente?
Además, si a usted le hubiera dado Dios una  revelación, también le hubiera dado boca y  sabiduría para defenderla como dice Lc 21:15,  no para esconderse y huir de las conversaciones  que sobre el tema surgen. Concretando: el lenguaje predestinacionista de  este capítulo 9, se refiere a Israel y a los gentiles  como conglomerados, nunca a la salvación personal del ser humano en particular. Aquí Pablo está hablando de la predestinación que hace Dios de los conglomerados o las naciones, 1282 para ejecutar Sus planes, y de la predestinación a un cargo gubernamental de cierto individuo, de acuerdo también con  sus planes; no de la predestinación para el mal o  para el bien de cada ser humano en particular. Pero es que si un predestinacionista no supiera  analizar por sí solo lo que hemos analizado en esta  sección, ni pudiere entenderlo si alguno se lo  explica, nada más que leyendo Ro 9:3 debía  percatarse de que él se halla ante un apóstol que  escribía cosas difíciles de entender y confundibles.
 Por lo tanto, debía ser cauto al tomar lo expresado  por semejante escritor en semejante pasaje, como  base única para doctrinas extrañas, que a la vez son  antagónicas con resto de las enseñanzas que de Dios hemos recibido.
 Otro pasaje que nos muestra la predestinación  de conglomerados, no de personas, es Ro 11:25- 31. Aquí se ve que se habla, como siempre, de  conglomerados.
 Israel pudo ser endurecido como conglomerado, con sólo enviar allí las almas que Dios sabía que4 eran réprobas; o no permitiendo que el evangelio  llegue a los que de ellos se podían convertir, hasta  casi la hora de la muerte. De esta manera, en el  pueblo judío, como conglomerado, siempre habría  una bajísima proporción de cristianos, resultando  así endurecidos como pueblo, sin endurecerlos  como personas. Lo contrario pudo hacer con los  gentiles. En Ro 11:1-4 vemos cómo Dios introdujo  a su debido tiempo las 7000 personas requeridas para sus planes.
25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis  acerca de vosotros mismos arrogantes; que el endurecimiento 1318 en parte ha acontecido en  Israel, hasta que haya entrado la plenitud de  los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo.Como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad; 27 y  este es mi pacto con ellos, cuando quitare sus  pecados. 28 Así que, cuanto al evangelio, son  enemigos por causa de vosotros, mas cuanto  a la elección, son muy amados por causa de los padres. 29 Porque sin arrepentimiento son  las mercedes y la vocación de Dios. 30 Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos; 31 así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.” (Ro 11:25-31)
 En el versículo 31 se ve que no puede tratarse  de un endurecimiento o misericordia como  personas, sino como conglomerados, porque si por  la misericordia hacia el uno la alcanza también el otro, todos los judíos aunque fueran incrédulos  serían salvados, lo cual no es lógico. Quiero decir,  que si se refiriera a la salvación de personas, lo dicho en el 31 significaría que gracias a la  misericordia alcanzada por un gentil (Pepe), otro  judío anti-cristiano (Jacob), alcanzaría misericordia  aunque no creyera.
 La interpretación correcta es que por la  misericordia alcanzada por el conglomerado  gentiles, los israelitas, como conglomerado, volverán a ser pueblo de Dios y muchos de ellos (no  todos) se convertirán.
Esta predestinación de conglomerados 1353 o naciones,también se conocía en el Antiguo Testamento.
 Isaías hablaba de eso. En muchos lugares de la  Escritura vemos que no existe la predestinación  personal, es decir que no se predestina una persona  a ser salvada y otra a ser perdida. Sin embargo, aquí y en otros pasajes vemos que sí existe la  predestinación de un pueblo. Pero no la predestinación de un pueblo a ser salvado o perdido, sino la  predestinación de un pueblo a hacer una función u otra.
¿Por qué, oh Jehová, nos has hecho errar  de tus caminos, y endureciste nuestro  corazón a tu temor? Vuélvete por amor de tus  siervos, por las tribus de tu heredad. (Isa 63:17)
 Al leer esto, tenemos que llegar a una conclusión que armonice con ambas verdades. Esa conclusión es darnos cuenta de que Dios envía almas que Él sabe que van a ser rebeldes, a un pueblo durante un  período de tiempo determinado, para hacer rebelde  a ese pueblo a fin de llevar a cabo sus planes.
 Ese es el endurecimiento que ha acontecido a  Israel como conglomerado étnico, sin que por ello Dios haya endurecido o predestinado a perdición, a cada persona de ese pueblo en particular.
Para entender el libro  de Romanos, tenemos que percatarnos de que se  está hablando de la predestinación de un pueblo u otro para traer al Mesías y guardar las Escrituras, no  para que sea salvo o perdido. Al elegir a la descendencia de Jacob para 1389 cumplir esas funciones, en lugar de la de Esaú, Dios no lo hizo por sus obras, pues ninguno había nacido aún. Es decir que  no está Pablo diciendo que esa arbitrariedad se  comete con cada una de las personas del mundo  respecto a su salvación.
 Dios elige a esos conglomerados étnicos o naciones, para realizar los planes que Él estima convenientes, sin por ello violentar el libre albedrío  de sus componentes, como sucedió al elegir a Babilonia para destruir a Judá.
Desde que se inicia el capítulo hasta que termina, el tema de Pablo es la elección o no de Israel y los gentiles, tomados como grupo, para realizar los  planes divinos de traer al Mesías, no para la  salvación de los individuos en particular.
 El capítulo finaliza sin que se vea por ninguna  parte que Pablo hable de la predestinación de las personas a ser salvas o perdidas.