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El Mesias en el pentateuco


El tema central de los libros Sagrados del Antiguo Testamento constituye el advenimiento del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios entre los hombres.
los libros del Antiguo Testamento están saturados con profecías referentes al Mesías y a Su Reino de bienaventuranza. El objetivo de las antiguas profecías consistía en preparar a los judíos, y por medio de ellos a la humanidad entera para el advenimiento del Salvador del mundo, para que cuando Éste llegara, fuera reconocible y digno de confianza. Sin embargo, la tarea de los profetas no era fácil debido a varias razones. Primeramente, el Mesías no solamente debería ser un gran hombre, sino simultáneamente Dios, o sea, Dios-Hombre. Por lo tanto, los profetas tenían que revelar la naturaleza Divina del Mesías, pero formulando sus explicaciones de tal manera que no se diera motivo para el politeísmo, cuya tendencia tenían tanto los pueblos de la antigüedad, inclusive los hebreos.
Adán y Eva escucharon la primera profecía mesiánica en el Edén, inmediatamente después de probar el fruto prohibido. En aquella ocasión Dios dijo al diablo que tomó aspecto de una serpiente: "Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; este te aplastará la cabeza, y tu le morderás el calcañal (Gen. 3:15). Con estas palabras el Señor condenó al diablo y consoló a nuestros antepasados prometiendo que posteriormente un Descendiente de la mujer aplastará la propia "cabeza" de la serpiete-diablo que lo ha seducido. Pero al mismo tiempo el propio Descendiente sufrirá a causa de la serpiente que Le "morderá el calcañal," es decir que Le causará padecimientos físicos. En esta primera profecía es también notable la denominación del Mesías como "linaje (simiente) de la mujer," lo que subraya Su extraordinario nacimiento de la Mujer, la cual concibió al Mesías sin participación del hombre. La ausencia del padre físico se desprende de la antigua costumbre de llamar a los descendientes según el padre y no la madre. Esta profecía relacionada con el nacimiento sobrenatural del Mesías se confirma más aún por una posterior profecía de Isaías (Is. 7:14),
La segunda profecía mesiánica también figura en el libro de Génesis, y habla acerca de la bendición que se extenderá por Él sobre todos los hombres. Esta profecía fue pronunciada a Abraham, cuando éste al estar listo para sacrificar a su único hijo Isaac, demostró su excepcional fidelidad y obediencia a Dios. Luego Dios, por medio de Su Ángel prometió a Abraham: "En tu descendencia (simiente) se bendecirán todos los pueblos de la tierra, por haberme tú obedecido" (Gen. 22:1).
En el texto original de esta profecía la palabra "simiente" (descendencia) está en singular, demostrando de esta manera que se trata de un solo Descendiente y no de varios, Cuya bendición se extiende sobre todos los pueblos. Los hebreos siempre referían esta profecía al Mesías, aunque preferían interpretar la bendición como difundida entre el pueblo elegido. En su sacrificio Abraham representaba a Dios Padre, y su hijo Isaac a Dios Hijo que debía padecer sobre la cruz. Este paralelo también está presentado en el Evangelio, donde está escrito: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio Su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn. 3:16). La trascendencia de la profecía referente a la bendición de todos los pueblos por el Descendiente de Abraham se hace evidente al recordar que Dios ha confirmado Su promesa con un juramento.
La tercera profecía acerca del Mesías la pronunció el nieto de Abraham, el patriarca Jacob al bendecir un poco antes de morir a sus 12 hijos y vaticinando la futura suerte de sus descendientes. A Judá predijo: "No faltará de Judá el cetro, ni de entre sus hijos el báculo, hasta que venga el Consolador, y a Él darán obediencia los pueblos" (Gen. 49:10).
La próxima profecía acerca del Mesías bajo aspecto de "la estrella que se alza" de Jacob fue pronunciada por el profeta Balam (oráculo) que vivió a 1500 a.C. siendo contemporáneo de Moisés. Los príncipes de Moab invitaron al profeta Balam para que maldiga al pueblo hebreo, el cual amenazaba con la invasión de su territorio. Esperaban que la maldición les ayudará a alcanzar la victoria sobre los israelitas. El profeta Balam, mirando desde un monte vio al pueblo israelita que se aproximaba y en su visión profética divisó al lejano Descendiente de este pueblo. En éxtasis espiritual en vez de pronunciar la maldición exclamó: "Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca. Álzase de Jacob una estrella, surge de Israel un cetro, que quebrantará las dos sienes de Moab y socavará a los hijos de Set"
Los nombres alegóricos del Mesías, estrella y cetro, subrayan Su importancia de dirigente. Balam predice la derrota de los príncipes de Moab y de la destrucción de la potencia del mal acampada contra el Reino del Mesías. Ahora bien, la presente profecía de Balam completa la más antigua profecía referente al hecho de "aplastar la cabeza" de la serpiente (Gen. 3:15); Él aniquilará a la "serpiente" y sus servidores.
 La última profecía del Pentateuco fue dada por Dios a Moisés cuando la vida terrenal de este gran líder y legislador del pueblo judío se aproximaba a su fin. El Señor prometió a Moisés enviarle al pueblo israelita a su debido tiempo otro Profeta similar por Su importancia y poder espiritual, y que El mismo (Dios) hablará por Sus labios: "Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un Profeta, como tú, pondré en Su boca Mis palabras, y Él les comunicará todo cuanto Yo le mande. A quien no escuchará las palabras que Él dirá en Mi nombre, Yo le pediré cuenta" (Deut. 18:18-19).